La televisión que nos ve a nosotros

En el año 2000 asistí a un curso de verano en Tudela donde no recuerdo qué ponente habló de que Internet debía moverse hacia la televisión, porque era el objeto más común en los hogares. Él veía claro que la penetración sería tremenda, no sólo por ser fácil de manejar, sino porque la gente pasa delante de la caja tonta muchas horas. Las cifras cantan, y además, asustan.

Aunque la conexión de la televisión con Internet en España todavía parece cosa de meigas, no tardará en llegar. Con ella los problemas de privacidad de Internet se trasladarán a todos los hogares sin excepción. Si ahora es muy interesante para los medios de comunicación conocer qué estamos viendo y a qué hora, imaginemos si tienen en sus manos un instrumento que les proporciona esa información sin esfuerzo y además, muy refinada, referida al individuo. Porque claro, en casa cada uno podrá disponer de un perfil diferente para ver la televisión.

Las empresas de televisión por cable y satélite llevan tiempo trabajando en tecnologías para emitir anuncios lo más personalizados posible, como cuenta el WSJ. Pero vamos más allá todavía: la empresa Flingo, teniendo en cuenta que hay mucha gente que cuando ve la televisión, se pone a navegar, ha desarrollado una tecnología que envía información de lo que estamos viendo en la tele a un servidor que identifica el contenido. Si utilizamos la misma conexión con nuestro portátil, iPad u otro dispositivo, las páginas web podrán adaptar su contenido, anuncios y ofertas al contenido televisivo, ya sea de un canal, o de un DVD que estemos viendo.

Ya no es el llamado Internet de los objetos. En este caso vamos un pasito más allá, es el objeto retransmitiendo en directo información sobre mis preferencias a Internet.

Preparémonos, porque vamos a ser espiados hasta por la lavadora y el tostador. No es broma.

LinkedIn cede información a terceros sin consentimiento de sus usuarios

Parece que no se va a escapar ninguna tecnológica ni red social de cometer alguna pifia con los datos… LinkedIn fue denunciada el mes pasado por violar la privacidad de sus usuarios. El ciudadano de San Francisco, Kevin Low, demandó a la empresa por ceder información personal a diversos anunciantes sin su permiso, entre los que se encuentran IMR/Nielsen, Quancast, Scorecard Research y Doubleclick. Según la demanda (vía Eric Goldman), LinkedIn asocia los identificadores únicos de sus usuarios gracias a las cookies y “beacons” de terceras empresas, y hace paquetes de información del siguiente modo:

1.- Al registrarse en el servicio, asigna a cada miembro un número único (ID) que se asocia al nombre del usuario

2.- Las páginas del sitio de LinkedIn enlazan y transmiten el ID gracias a las diferentes cookies, puesto que hay colocados “beacons” de terceros en éstas.

3.- LinkedIn envía ese paquete de información no sólo una vez, sino que lo va poniendo al día cada vez que se entra en el servicio y se visitan esas páginas. Y de dos formas diferentes: una, enviando las cabeceras (“HTTP Referer”), que indican qué página está visitando el usuario, y otra, añadiendo explícitamente la ID del usuario como un parámetro URL cuando se solicita una página.

Lo cierto es que la demanda está muy bien fundamentada, y de entre sus razonamientos, me quedo con el siguiente:

LinkedIn ha cedido información personal identificable del Sr. Low en conexión con su historial de navegación sin su consentimiento. Si se le hubiera dado ocasión, el Sr. Low no hubiera permitido que se cediera su historial a terceras partes, sintiéndose humillado y avergonzado por la divulgación de su historial. Por otra parte, el historial de navegación del Sr. Low es una valiosa propiedad personal con un valor de mercado. Como resultado de este comportamiento ilegal, se ha utilizado este historial sin dar al Sr. Low la compensación que se merece.

¿Podemos considerar el historial de navegación como una propiedad? Más que una propiedad, ya estamos hablando de una mercancía de tráfico común para las páginas web y las empresas anunciantes. En este caso ya incluso no hacen falta grandes esfuerzos para identificar a la persona a la que pertenece el historial de navegación, porque ya la red social se encarga de enviar esa información.

Lo más penoso es que LinkedIn indica en su política de privacidad que “la privacidad de los usuarios es muy importante para LinkedIn. No vendemos, alquilamos ni ofrecemos de modo alguno sus datos personales a terceros con fines publicitarios”. Pues menos mal. Hay que recordar que les ocurre lo mismo que en el caso de Google Buzz: si LinkedIn no se hubiera comprometido a nada, no estaría obligado a nada. Pero al afirmar que no se ceden datos a terceros, cualquier acción contraria a ese compromiso puede considerarse como una práctica engañosa.

Con que se hubiera indicado lo que se hace realmente, y con qué información, no hubiera sucedido nada en absoluto. Los usuarios hubieran estado informados sobre las finalidades para las que se emplean tanto sus perfiles como su historial de navegación. Desconozco qué grado de impacto hubiera tenido sobre el número de usuarios de LinkedIn, pero apostaría a que casi ninguno: recordemos que los usuarios no leen esas políticas de privacidad, y si lo hicieran, costaría demasiado