Estreno el 2010 con una cuenta en Twitter. Aunque me he resistido hasta ahora, al final la curiosidad ha podido. En lo poco que llevo más bien me ha decepcionado, y mi primera impresión es que es como un “chat” asíncrono, en el que nadie espera que respondas a nada, ni tienes por qué escribir si no quieres. Seguro que alguno de éstos que intentan monetizar hasta el aire que se respira ya está poniéndome de vuelta y media, pero es que lo siento, no le veo más cosa de interés. Hay que estar… porque hay que estar.

Le decía a un compañero de trabajo que me daba la sensación de estar en un bar de barrio,  donde hay muchas conversaciones, pero ninguna se oye con claridad. Y creo que es demasiado rápido: si uno sigue lo que le gusta termina con un bombardeo continuo frases cortas y enlaces que no da tiempo a digerir. A lo mejor esto del Twitter es algo resultado de las prisas de hoy día y de la espeluznante velocidad con la que corre la información. Lo mismo responde a que queremos contar muchas cosas muy rápido.

Quizá dentro de unos días cuento que al fin le he descubierto algo muy interesante. O no.  Mientras tanto, quien quiera seguir mis “píos” tiene el botoncito en el menú de la derecha del blog.

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Las organizaciones por definición son imperfectas porque así las hacemos las personas que trabajamos en ellas. Pero siempre los hay que contribuyen a que se camine hacia la perfección, haciendo su trabajo como las hormiguitas, con perseverancia y en silencio. Del hormiguero sólo se ve la puerta, el sitio por donde meten la comida, o la sacan a secar al sol cuando ha llovido. Pero a pocos centímetros de la superficie hay un grandioso y perfecto entramado de túneles que permite que vivan sus congéneres. Pocos pueden entender y apreciar el trabajo de las hormigas…

“Minera”… estás hecha de esa pasta. Sabes que me niego a llamarte “datamainer”. Eres una trabajadora más de este incomprendido y a veces hasta infravalorado “club del dato”… Pero hoy tengo un problema más contigo: te marchas.

Hace unos cuantos años oí a un superior la siguiente afirmación:

Es mal soldado aquél que no sueña con ser oficial. El camino para llegar a serlo es por lo que tiene que luchar, aunque no lo alcance nunca. Esa sana ambición le convierte en el mejor soldado.

Eres ese “mejor soldado”, y vas haciendo tu camino. Vas a una gran empresa, donde te encontrarás con bases de datos más grandes, con otros medios con los que explotarlas. Elaborarás perfiles, realizarás consultas SQL… proporcionarás materia prima de calidad al “los del negocio” para que vendan más. Seguirás haciendo su trabajo bien. Como siempre.

GRACIAS por lo que me has enseñado. Ahora te toca evangelizar con esta religión del “club del dato” a compañeros y superiores.

“Minera”… por aquí me tendrás.

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